domingo, 9 de septiembre de 2012

CRÓNICA

UNA MAÑANA EN  EL TREN ELÉCTRICO
POR: Wiily Andrés Adauto Medina
7:20 de la mañana, el cielo está nublado, parece que el sol se asomará avasallador. La ducha lugar preciso para matar todo rezago de sueño. Un buen desayuno y salimos corriendo hacia el paradero.
El nuevo juguete de Lima: el Tren Eléctrico.  La orientadora, identificada con un chaleco verde, nos dice que esperemos quince minutos que no tardará en llegar y que por ningún motivo  crucemos la línea amarilla.
La moderna máquina llega, se detiene. Paradero San Juan. Se abren las puertas y una multitud nos da la bienvenida. Subimos y nos abrimos paso para tener una buena ubicación, si es que se puede. La incomodidad se hace presente: el bochorno, los empujones a la llegada de cada paradero; el hedor, mejor dicho el inaguantable olor, también nos visita.

De pronto, el recuerdo de aquellos años en la cual uno viajaba colgado y aplastado, demorándonos casi dos horas para llegar a nuestro destino, se viene a la mente; sólo que ahora es más rápido. Casi es la misma historia y todavía se siente el caos de aquellos tiempos; creo que si no fuera por los sensores,  con su sonido clásico, todavía estaríamos viajando colgados. Prácticamente cumple el papel del típico cobrador ramplón que nos decía o mejor dicho nos gritaba: “Avance, avance, al fondo hay sitio”, ahora lo remplaza la tecnología: los sensores.
De San Juan de Miraflores  a Javier Prado en quince minutos vale la pena y se soporta todo. Paisajes urbanos se observan durante el recorrido; un Tren que ha cambiado la arquitectura tradicional de los distritos limeños, detalle que lo convierte en un atractivo turístico urbano.
 Son las 8:00, paradero La Cultura, Javier Prado. Se empieza a respirar aire fresco. Bajamos. Detenemos una  Custer que me llevará a mi destino final, San Felipe.
Media hora después llegamos a la reunión de trabajo, al filo de la 8:30. Nos ponemos a  reflexionar ¿el caos del transporte es un problema de la movilidad o del usuario? Creo que en mi caso, intentaré  despertarme más temprano.


Paradero Javier Prado, imposible bajar. La hora punta.

 
No hay lugar ni para un alfiler.
 
FUENTE: Willy Adauto Medina